| El reino de la Ñ es verdaderamente vasto y nuestro. Es el reino de la segunda lengua más hablada del mundo, después del mandarín, pero mientras los hablantes de ésta se concentran en una sola región geográfica, el español abarca una enorme gama de países e idiosincrasias. Tiene aproximadamente 10 millones de hablantes más que el inglés. Esta es la información que recibimos en Guadalajara, Jalisco, México, los asistentes a la presentación de la Nueva Gramática de la Lengua Española. El magno evento congregó representantes de todas las academias de la lengua española, además de un público ávido de rendir homenaje al idioma, y a Castilla y León, su cuna, quienes fueron las invitadas de honor.
Si bien es cierto que la nueva gramática (en sus dos formas: extensa y compendiada) está en circulación desde hace algún tiempo, no se había oficializado antes su presencia. El momento actual es, por ende, solemne y sobrecogedor por lo que representa para los herederos de la lengua de Cervantes. Desde hacía aproximadamente tres cuartos de siglo no se había concretado el esfuerzo de adaptar la lengua a los tiempos modernos. Existía sí, un esbozo de la nueva gramática, esbozo que llevaba ya demasiado tiempo como para llamársele tal, pues fue concebido en la década del 70.
Uno de los aspectos novedosos de esta nueva gramática es que la mitad de las citas de escritores, que se dan a manera de ejemplos de uso correcto y buen estilo, corresponden a autores del Nuevo Mundo. Y más de la mitad de los ejemplos del uso corriente del idioma son también de esta parte del planeta. Esto, de por sí, constituye un gran avance en el reconocimiento de la presencia y contribución que han hecho los países americanos, así como sus lenguas indígenas nativas, en el caudal léxico del español. Es la primera vez, diría yo, que se hace un esfuerzo de tal magnitud. Ni siquiera el Diccionario Panhispánico de Dudas hace justicia ni muestra la realidad dialectológica del español, ya que la mayoría de sus ejemplos se refieren a los usos y escritores peninsulares, como si éstos fuesen los únicos modelos digno de imitación. Este diccionario es un primer esfuerzo, hay que reconocerlo, pero dista mucho de reflejar la realidad del habla panhispánica.
Ahora bien: es probable que la nueva gramática adolezca (*) de defectos e inexactitudes, pues, por enjundiosa y prolija que sea, no deja de ser una obra humana. Empero, parece ser un intento, éste sí, verdaderamente panhispánico.
La gramática que somos es el lema que enmarca la obra, lema que se inspira en la concepción y entendimiento de que el castellano es una lengua viviente; una lengua que cambia y debe ajustarse al espíritu del tiempo. Somos la gramática, pues ella describe el uso que se da al idioma en los diversos tiempos y regiones. Y también lo somos porque la gramática prescribe las normas del buen uso, que facilitan la correcta expresión, comunicación y comprensión de las ideas.
El español, gústenos o no, es el principal eslabón de identidad entre nuestros países. Es el vehículo que utilizamos a diario y a cada momento para el transporte e intercambio de nuestras ideas. No saber o no poder expresar nuestro pensamiento por falta de conocimiento de la gramática, es una verdadera tragedia, como explicó un sabio chino que aseguró que lo primero que haría si fuese gobernante sería cuidar que el lenguaje se usara correctamente. Ante la sorpresa de sus oyentes, que consideraban dicha tarea de muy, muy poca monta, el sabio explicó:
“Si el lenguaje no se usa correctamente, lo que se dice no es lo que se quiere decir; si lo que se dice no es lo que se quiere decir, lo que debiera hacerse quedaría sin hacerse; si esto quedara sin hacerse, la moral y el arte se corromperían; si la moral y el arte se corrompieran, la justicia se descarriaría; si la justicia se descarriara, las personas quedarían indefensas y sumidas en gran confusión”.
(*) Recuérdese que “adolecer” significa “padecer”. |