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Caminos de la patria
Por: Yilda Ruiz Monroy

“Zampoñas, chirimías, quenas, ocarinas: todas ellas conforman el dulce legado musical que brota de las entrañas del planeta en este confín suramericano lleno de magia y de sorpresas


La Guaneña, la tradicional melodía que identifica no sólo los aires, sino los numerosos, vastos y bellos caminos sureños de la patria, es la melodía que acompaña en nuestra mente el abanico de paisajes que nos ofrece la tierra andina. ¡Cuán maravilloso sería recorrer todos los rincones de nuestra geografía!

Colombia está llena de paisajes que arroban el espíritu por su belleza prístina, su variedad que va desde lo agreste y escarpado hasta el sublime remanso de la laguna de la Cocha, donde el espíritu se deleita contemplando la profundidad insondable que parece retar al viajero.

El deseo de conocer y de inundarse de naturaleza es el motor que anima al caminante a enfrentar topografías empinadas, lo mismo que vientos y aguas de dudosa mansedumbre. La búsqueda de la comunión con los escondidos habitantes de la montaña guía sus pies y le hace mitigar el frío, el sueño, el cansancio y… a veces hasta la muerte. La recompensa es tan sólo unos pocos momentos de unidad con la madre, la madre tierra: la Pachamama.

Chiles, Cumbal y Azufral son tres gigantes telúricos donde dejar la huella es emparentarse con el cosmos. Un océano blanco cubre el piso que se junta con un cielo cargado de nostalgias. Las lagunas Verde y Negra no niegan sus encantos a los que, atrevidos, hollamos su milenario silencio. En este momento se olvidan la sed y la fatiga, pues puede más la avidez por el paisaje. Cuando sentimos el éxtasis que nos depara la tierra, nos parece lejana la realidad en que vivimos. Medimos con otra vara la verdadera dimensión de nuestra pequeñez, y nos sentimos una criatura más, de dimensiones ínfimas, tan sólo una más, entre todos los seres cuya existencia se derrama pródigamente a nuestro alrededor.

El paisaje andino, su flora, su fauna, son riqueza del mundo. Es la sabiduría dormida en la noche de los tiempos, de unos pueblos cuya forma de vida es, aún hoy, motivo de asombro para nosotros, habitantes del siglo XXI, acostumbrados a sentirnos el producto final de la evolución.

Los dioses indígenas, indudablemente, tuvieron una mano dadivosa cuando crearon esta tierra donde se levantan el Volcán Nevado del Tolima y el Páramo de las Hermosas: las cumbres silenciosas que generosamente ofrecen sus nieves al peregrino solitario que busca otra realidad. El viento y el frío son los anfitriones que reciben al viajero. Su abrazo es penetrante y deja en los huesos y en el alma la impronta indeleble de la tierra andina. Su beso se siente en todo el cuerpo con efluvios de un sol que parece no quemar…. Pero quema.

Zampoñas, chirimías, quenas, ocarinas: todas ellas conforman el dulce legado musical que brota de las entrañas del planeta en este confín suramericano lleno de magia y de sorpresas. Los aires andinos, evocadores vientos vegetales, testigos callados del lento devenir geológico, han inspirado una música invitante que acompaña al viajero en su anhelante periplo.

Con la venia del volcán Galeras recordemos el dolor de nuestra tierra, y tengamos presente que sólo de nosotros depende el futuro de los CAMINOS DE LA PATRIA.

Si desea hacer comentarios escriba a: yilda@seamlessvoices.net
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