| O lo uno, o lo otro |
| Por: Jairo Oviedo |
“En un país controlado de cabo a rabo por el gobierno gracias a su exitosa política de seguridad democrática, no es concebible que los enemigos del gobierno pudiesen infiltrar, siquiera influir en el funcionamiento de una institución que depende directamente del presidente de la República." |
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Ya semanas han pasado desde que el escándalo de las chuzadas del DAS llenó los titulares en los medios masivos de comunicación. Un escándalo que resurge permanentemente sobre los delitos cometidos desde la institucionalidad, buscando proteger de forma ilegal un aparato político desde las instituciones legales de nuestro país.
La oposición insiste permanentemente en que se debe encontrar al Montesinos colombiano, al oscuro personaje que ordenó estas interceptaciones ilegales y que, aunque lo quieran negar, debe ser un oficial del alto gobierno que solicitaba se hicieran estos seguimientos.
Con el comunicado de la UIAF, las palabras del nuevo director del DAS y la actitud del gobierno, se deja ver que este dramático incidente no es ni tan dramático, ni tan incidente. La UIAF dice que lo hacía dentro de sus funciones legales, el DAS dice que eran unas cuantas manzanas podridas, y hasta José Obdulio Gaviria sale a decir que esas son maniobras de la oposición que infiltró las sacrosantas instituciones de inteligencia para desprestigiar al bienintencionado gobierno nacional.
Con el estilo micro-gerencial del presidente Uribe, en el que llama a las tropas en la zona de combate obviando los conductos regulares, en un país donde se recuperó la institucionalidad y el territorio nacional, en donde ya no existen paramilitares sino simples bandas criminales, donde no hay delitos de Estado sino “falsos positivos”, en un país controlado de cabo a rabo por el gobierno gracias a su exitosa política de seguridad democrática, no es concebible que los enemigos del gobierno pudiesen infiltrar, siquiera influir en el funcionamiento de una institución que depende directamente del presidente de la República.
¿Cómo es posible que a un presidente que hasta aprende de protocolo para recibir personalmente al príncipe español sin necesidad de un funcionario que ejerza estas funciones, se le pase por el frente, ni más ni menos, toda la delincuencia organizada en una de las instituciones que tanto necesita para avanzar en seguridad? ¿Cómo se puede controlar el territorio y no controlar la casa?
O bien el gobierno si tiene control sobre las instituciones y el escándalo de las chuzadas es uno más de la vergonzosa lista de violaciones desde el Estado para mantener controlada a la población, o bien no se tiene control sobre las instituciones y de ahí en adelante sería cuestionable el control que se tiene sobre el territorio y el aparato gubernamental.
Si se tiene control sobre el DAS, entonces hay que encontrar a los criminales que usaron sus investiduras públicas para ejercer actos clandestinos e impropios de la democracia. Si no se tiene, hay que dudar de una política que dice poder controlar todo el territorio de los insurgentes, pero que no puede proteger su patio trasero de estos mismos.
Sea lo uno o lo otro, el gobierno debe entender que bajo ninguna medida el crimen se puede combatir con crimen, y que la victoria anunciada no deja de ser otra cortina de humo para esconder detrás de las balas el hambre y el dolor de todo un pueblo.
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