| Colombianocentrismo |
| Por: Jairo Oviedo |
“Colombia sigue estando en el patio de atrás, sigue sin importarle a nadie quién sea o no el presidente, sigue sin importar si tiene o no 4 millones de desplazados, sigue sin importar que 8 niños mueran cada hora de hambre..." |
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Desde el primer momento en que los golpistas en Honduras anunciaban al mundo su decisión de acudir a las armas para derrocar un proyecto político democráticamente electo, las voces de cientos de colombianos, furibistas casi todos ellos, comenzaron a rondaron el espacio virtual a través de los foros de los principales periódicos y los blogs del país y el mundo.
La mayoría de ellos aseguraban que este no era, como lo han dicho quienes se toman el poder con las armas con un manto de impunidad legal (entiéndase que no es legalidad sino solo su máscara), un golpe de Estado. Incluso ahora si usan las palabras de sus tan odiados mamertos y argumentan que hay que defender la soberanía y la dignidad del pueblo, aunque el pueblo no haya sido escuchado. Hablan de lo inútil de la Carta Democrática del Sistema Interamericano y denuncian el intervencionismo diplomático y del derecho de los pueblos a revelarse contra un gobierno que denuncian tirano.
Desde luego su principal argumento para denostar del anterior gobierno democráticamente electo e internacionalmente reconocido, es que estaba tendiendo a la izquierda. Y no solo eso, sino al peor tipo de izquierda, al chavismo.
Comentario tras comentario se puede ver cómo el odio de muchos colombianos hacia el gobernante del vecino país hace que se justifiquen elementos que ellos rechazan de plano en el ámbito colombiano. Aceptan que una fuerza se tome por las armas el poder, tal como dice querer hacerlo la insurgencia; aceptan que se reduzcan las libertades civiles, aquellas que tanto dicen defender; y aceptan que haya un veto informativo en Honduras. Estos elementos que, dicen, son los principales lunares de un sistema socialista, son los que ahora los furibistas defienden a capa y espada con tal de liberarse de otro Chávez en la región.
Para rematar, dicen también que son necesarios estos levantamientos armados porque de lo contrario el gobierno Venezolano va a invadir el mundo. Que por la insistencia de Chávez, la OEA, la ONU, la Unión Europea y hasta Estados Unidos condenan el golpe, como si el poder de la revolución Bolivariana fuera absoluto en el mundo.
El problema del análisis uribista es uno solo, que no hay análisis. Al no ser un cuerpo teórico, sino una serie de premisas sueltas que se sacan del sombrero a la hora de necesitarse, al no ser una ideología fundamentada en el pensamiento sino en el plomo, al no tener un intelectual que ordene el pensamiento a pesar de los largos, pero vanos, intentos de José Obdulio, las ideas que se muestran como tales no son más que frases, muchas veces contradictorias, que no aguantan el mas mínimo análisis lógico, mucho menos filosófico o político.
Pero ¿por qué, si no hay un pensamiento o ideología defienden tan fuertemente a los golpistas? Porque creen que lo que está pasando allá será el primer paso para acabar con la izquierda en el mundo, que en ultimas es sacar a Chávez del poder y por lo tanto derrotar a la guerrilla. Esto, con lo ridículo e ilógico que es, es la lógica que hace creer que Colombia es el centro del mundo y Uribe el nuevo mesías.
Poco recuerdan que por más promesas que se hagan, Colombia sigue estando en el patio de atrás, sigue sin importarle a nadie quién sea o no el presidente, sigue sin importar si tiene o no 4 millones de desplazados, sigue sin importar que 8 niños mueran cada hora de hambre, sigue sin importar que la pobreza y el analfabetismo estén aumentando, sigue sin importar que el paseo millonario siga siendo una política de las EPS, siguen sin importar los secuestrados, siguen sin importar las víctimas del conflicto. Es decir, Colombia sigue sin importar, porque al creer que importamos mucho para el mundo, se nos olvidó que primero debería importarnos a nosotros nuestro país.
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