| Políticos empeloticos |
| Por: Mauricio Olaya |
“La mejor campaña es la de “País Para”, pues la expectativa se convirtió en una verdadera Caja de Pandora, que sigue abierta a las razones y aporto la mía: un país para no seguir creyendo en los Padres de la Patria”
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Por estos días la ciudad se encuentra al borde del colapso visual que determina la proliferación de vallas donde las caras sonrientes, hipócritas, arrogantes, amaneradas, augustas, maquilladas y retocadas, invitan a participar en el próximo juego electoral.
Mas no todo puede ser negativo en este desproporcionado arrume de contaminación visual y estética. Los políticos, en su afán desmedido de promocionarse ante sus eventuales electores, han caído en la trampa mortal de no tener en cuenta una de las normas mínimas que en materia del mercadeo rige la decisión de compra del cliente: el empaque adecuado.
En tal sentido, siendo el candidato un producto, la primera forma de vender tiene que ver con el empaque. Este, además de proteger el contenido, vende por sí solo y por ello un político que sepa del asunto no duda en acudir a los expertos en manejo de imagen para que le construyan una envoltura que le permita venderse.
Lo que sucede en nuestro terruño es cosa aparte. Parece que los “expertos” tomaron consciencia de que ellos también pueden irse al infierno por ser partícipes de este juego maligno de elegir a quienes habrán de robarnos, engañarnos y crearnos falsas ilusiones de un mejor país. Por ello, glorias a los publicistas locales que lograron mostrarnos a sus clientes en un empaque al natural, como en la historia del Traje Nuevo del Emperador. Así, empeloticos, mostrándonos de frente lo que son, se nos presentan en las vallas regadas por doquier.
Les dejo, para que adivinen de quién les hablo, los siguientes ejemplos de mercadeo electoral: lustrosa testa pasada por capas de base y maquillaje cual reina de belleza. Abuelita con la piel planchada y lozana en virtud de la magia del photoshop. Todo un señor que con arrogancia nos muestra el talante que lo arropa. El compañero de fórmula del anterior “señor” que con su risa socarrona exhibe sus antecedentes y queda como un zapato. Un candidato comunero que muestra sus brillantes casquetes dentales cual cliente de Marlon Becerra. Un motivador con cara de seminarista retocado para la revista Soho. Una candidata con ganas de meter gato por liebre, proyectando el estilo propio de la conocida política Gina Parody, con gafas Versache incluidas. Un par de “pollitos”, amarillos ellos, con tremendo gallo cobijándolos.
La mejor campaña, no cabe duda, la de “País Para”, pues la expectativa se convirtió en una verdadera Caja de Pandora, que sigue abierta a las razones y aporto la mía: un país para no seguir creyendo en los Padres de la Patria.
Misión cumplida señores publicistas: lograron vendernos a sus clientes con un empaque transparente. Ya no tendremos que armar berrinche diciendo que no nos lo advirtieron. |