30 metros cuadrados
Por: María Lucía Abello
Hoy salí del apartaestudio de una prima como despedida por un cañón. Se mudaba a sus nuevos 40 y pico de metros cuadrados y horas después de organizar sus bolsos en el clóset, poner enlatados en las gavetas y el detergente debajo del lavadero, no era capaz de caminar un paso más allí adentro."

Es más o menos el espacio que una persona necesita para no sentirse asfixiada en medio de cuatro paredes. La conclusión la saqué después de todo el periplo por el que estamos pasando con mi hermano para conseguir un lugar más grande donde vivir en Bogotá. ¿La razón? Alejandro, el futuro médico y el menor de la familia no sueña con estudiar Medicina en la UIS. Él quiere venir a la gran ciudad y compartir el apartamento con sus hermanos mayores.

Cuando Juan Diego tomó la decisión de estudiar Ingeniería de Sistemas, cruzó los dedos para poder ser un alumno de la Universidad Javeriana. Yo, la cobarde, me quedé en Bucaramanga y estudié Licenciatura en inglés. Después de mucho analizar los libros de contaduría, las cuentas bancarias y los marranitos, mi papá concluyó que lo mejor era comprar un apartamento para olvidarse del engorroso proceso de pagar arriendo. Además, con el don de predicción que tiene Ignacio pensó en que posiblemente sus otros hijos podrían compartir el espacio que sólo Juan Diego iba a usar.

Cuando se resolvió lo del apartamento, resultó mejor de lo esperado. Dos cuadras al lado de la Javeriana, un sector seguro -ya que a los delincuentes les da pereza subir la loma- y mi hermano estaría ahorrándose la plata de transporte para darse sus gustos. 80 millones de pesos por un apartamento de 63 metros cuadrados que tiene dos cuartos, dos baños y una sala comedor que recibe el sol de la primera hora. Mas ahora tenemos un problema, pues el próximo año el retoño de médico estará viviendo con nosotros. Pero falta una habitación.

Hace unos instantes pensaba que si viviera en un lugar más pequeño, creo que sería claustrofóbica, porque después de pasar un domingo encerrada, estoy exhausta de ver los mismos muros y baldosas. Hoy salí del apartaestudio de una prima como despedida por un cañón. Se mudaba a sus nuevos 40 y pico de metros cuadrados y horas después de organizar sus bolsos en el clóset, poner enlatados en las gavetas y el detergente debajo del lavadero, no era capaz de caminar un paso más allí adentro.

Entonces llegué a una conclusión algo filosófica. En teoría, si dos hermanos tienen 60 metros cuadrados en donde vivir, quiere decir que por lo menos cada uno necesita 30 para poder moverse libremente. La vivienda de interés social tiene establecido que el lote mínimo de construcción son 34 metros cuadrados para algo que ellos llaman en el decreto 2060 de 2004 “unifamiliar”. Es apenas el espacio para un desplazado y que necesita una solución urgente. Pero la realidad en este país es otra y las familias quizás son mínimo de dos o tres personas.

Se siente un poco raro el ser consciente del espacio que se necesita para sentirse feliz. Ojalá cuando mi hermanito llegue, la solución ya la tengamos y así sean 60 o 90 metros, que sea algo apropiado para los tres. Espero también que todos los que tengan un techo puedan considerarlo como suficiente para sus deberes y que las paredes en vez de aprisionarlos, los liberen.

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