
La seguridad alimentaria
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Todos los días las noticias destapan lo que hay detrás del telón. Un proceso de refundación de un país en complicidad con lo más oscuro de la sociedad, una oscuridad que sembró la muerte y la desesperanza en el campo |
Las declaraciones del ministro de agricultura, frente a los datos del Dane (los colombianos compraron 3.2% menos de comida en enero comparado con el año anterior), se refieren a que “las personas no es que hayan dejado de comprar comida, sino que en ese mes la compraron en locales que no son consultados por el Dane”. Estas palabras del ministro, que pasaron desapercibidas para los medios pues se publicaron en una pequeña nota en el periódico El Tiempo, demuestran el interés que tiene el gobierno por negar una situación que tiene que ver con el aumento en los costos de los alimentos.
Hay alarma en el mundo por la situación de hambruna que se puede presentar si los gobiernos siguen postrados a los cantos de sirena de los gringos. El alto costo del petróleo, la desaforada dinámica de las economías de China y la India, han llevado a los estadounidenses a plantear la necesidad del biocombustible como alternativa. Juega en esta decisión, igualmente, el calentamiento global generado por los combustibles fósiles. En este cuento vienen metiendo a los países de América Latina, sin importar la incidencia que éste proyecto tiene en la seguridad alimentaria de los países del mal llamado tercer mundo.
Hoy, la palma africana, cultivo que ha crecido desmesuradamente acompañado de muchas formas de violencia, es la bandera de una política oficial que busca como meta ser uno de los grandes productores de biocombustibles. Se incluye en éste proyecto la caña de azúcar, el maíz y otros granos que normalmente se destinan a la alimentación o a la producción de concentrados. Según estudios, de 200 kg. de maíz que alimentarían a una persona durante casi un año, se extraen apenas 50 litros de biocombustibles que se agotan relativamente rápido.
En los últimos diez años el área cultivada de maíz, sorgo, trigo, cebada, soya, entre otras materias primas agroindustriales, se ha reducido a la mitad. Hoy se importan 3 millones de toneladas de maíz de Estados Unidos y Argentina y el precio viene en aumento a nivel internacional; la producción nacional no suple ni el 10% de los requerimientos avícolas del país, sector donde el maíz representa el 70% de la base de la alimentación. El costo de las harinas y el pan aumentan como también aumenta la importación de alimentos. Como si fuera poco, por escasez, el país importa pescado de Vietnam, Argentina, Chile, España, Ecuador y Brasil. Y eso que tenemos dos océanos y contamos con importante fuentes hidrográficas, pero, según expertos, “la producción de pescado en los ríos colombianos entró en crisis, estos ya no producen”.
Preocupa la seguridad alimentaria del país y no se ve una política consecuente con las circunstancias. Vamos por el camino equivocado. Vivimos una época muy compleja. Todos los días las noticias destapan lo que hay detrás del telón. Un proceso de refundación de un país en complicidad con lo más oscuro de la sociedad, una oscuridad que sembró la muerte y la desesperanza en el campo. Miles de muertos y más de cuatro millones de desplazados que dejaron sus tierras, manos que dejaron de cultivar para llenarse de ausencias y olvidos. |