Con los calzones abajo
Por: Juan Martínez
"...desde hace miles de años, los Mayas señalaron estos como tiempos de catástrofes naturales seguras. Su milenaria cultura adquirió un conocimiento íntimo de la naturaleza y su comportamiento en apariencia errático o caprichoso"

Me levanté preapocalíptico. Estaba bastante inquieto incluso antes de escuchar lo del terremoto de seis coma tres que sacudió anoche la región de Abruzzo, sesenta millas al norte de Roma.

La caída de la economía mundial ha hecho a muchos olvidar que hay otro sistema completamente fuera de orden: el climático. Todo el mundo oye noticias sobre tornados, inundaciones y hasta nieve donde nunca se habían visto esos fenómenos, pero actúa como si nada fuera de lo común pudiera ocurrir en su localidad. Adicionalmente, más de un volcán ha promocionado sus tendencias explosivas en los úlitmos meses.

Ahora, desde hace miles de años, los Mayas señalaron estos como tiempos de catástrofes naturales seguras. Su milenaria cultura adquirió un conocimiento íntimo de la naturaleza y su comportamiento en apariencia errático o caprichoso.

Quizá a falta de una entretención mejor; recordemos que el capitán del equipo perdedor en su deporte favorito era asesinado al final de cada partido, lo que seguramente no hacía maravillas por la popularidad del juego. No por falta de público, por supuesto, sino de jugadores.

Pero lo importante no es si hay o no que creer en un pronóstico meteorológico ultra extendido hecho por una cultura que incluía el sacrificio humano entre sus métodos para atraer las lluvias. O castigar la incompetencia atlética.

Lo central aquí es que, profecía o no, cualquier ciudad debería estar preparada para afrontar de la mejor manera un terremoto, con sus nefastas consecuencias arquitectónicas. Más aún si está ubicada en una zona altamente sísmica, como sucede con nuestra calurosa Bucaramanga.

Propongo lo siguiente: primero, no confiemos en la capacidad del municipio para hacernos tomar consciencia de la gravedad de la situación o la importancia de estar preparados. Comprendamos que nuestros gobernantes atienden asuntos más puntuales que una imprevisible sacudida de tierra de más de seis puntos en la escala de Richter.

Asumamos que el desastre va a ocurrir. Bien sea porque los Mayas efectivamente tenían buen ojo para estas cosas, o porque una odiosa coincidencia tiene al planeta entero convulsionado justo ahora, demos por seguro que entre hoy y el 31 de Diciembre del 2012 esta ciudad va a recibir un 'Extreme Makeover' estructural.

Y finalmente, preparémonos para que el desastre no nos coja con 'los calzones abajo'. Los simulacros de evacuación y los cursos de primeros auxilios estarían bien, pero esas son cosas que la gente aprende como en broma, esperando sinceramente no tener que ponerlas en práctica jamás. En cambio, si damos por hecho que va a temblar la gente va a tomárselos realmente en serio.

Es más: vayamos un poco más allá. No es cuestión de caer en una paranoia colectiva o de obsesionarnos y gastar presupuestos millonarios, pero sí quizá de hablar el asunto. Crear un pequeño plan de acción familiar, en los conjuntos residenciales y barrios, tener siempre un poco de agua y comida de reserva.

Incluso podemos aprovechar el tiempo que nos queda para desapegarnos un poco de nuestras posesiones materiales. O ver con optimismo el futuro: Bucaramanga podría aprovechar el sacudón para tener una especie de 'nuevo comienzo'. Tal vez una restauración le haga merecer, al fin, esa incomprensible fama de 'Ciudad Bonita' que se ganó en algún siglo olvidado, por no hablar de aquello de la 'Ciudad de los Parques'.

A mi cuando menos, tomando en cuenta la situación geológica reciente, el cataclismo Maya me parece inevitable.
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