Obama no es uribista
Por: Jairo Alfonso Martínez Gómez
Al Presidente de los Estados Unidos, en realidad, le importa bien poco quién sea Uribe pero sí está empeñado en hacer de este un mundo mejor y Colombia debe hacer su parte, debe cambiar, debe regenerarse"

“Ocho años en el poder son suficientes para un presidente”, dijo Barack Obama delante de Uribe y en respuesta a la pregunta que le hiciera una periodista sobre las intenciones del presidente de Colombia de hacerse reelegir por segunda vez consecutiva.

Para los “uribistas”, tan acostumbrados a calificar a la gente entre buenos y malos, ángeles y demonios, según acepten o no seguir a pie juntillas las indicaciones, propósitos o desafueros del presidente colombiano, las palabras del jefe de Estado de los Estados Unidos, desautorizando tácitamente las intenciones de Uribe Vélez, los pone ante una difícil disyuntiva: ¿siguen adorando al imperio como lo hicieron en tiempos de George W. Bush y presidentes anteriores o lo rebajan, incluido Obama, a la categoría de izquierdistas, terroristas y similares, como hacen con todos aquellos que no alaban y se oponen a quien consideran su santo varón?

Y es que ante los ojos extraviados a la derecha de los uribistas –mucho más que los de la iglesia católica que ya se mostró abiertamente en contra de la nueva reelección-, Obama debe ser algo así como el nuevo demonio que apareció en el mundo pues en apenas ocho meses de gobierno, ya echó para atrás varias atrocidades cometidas por Bush y secundadas por Uribe como la invasión a Irak y la cárcel de Guantánamo, en Cuba. Además, su gobierno (el de Obama, no el de Uribe) apoyó abrirle las puertas de la OEA a Cuba y acaba de pronunciarse en contra del golpe de Estado en Honduras.

Para los amigos de las rodilleras en los altares consagrados al santo paisa, es una herejía que un gobernante de los Estados Unidos sea demócrata, sea partidario de la paz en lugar de la guerra y sea capaz de rechazar, como lo ha hecho en el mundo entero y ahora en Colombia, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos como se ha hecho en Colombia con el beneplácito de un pueblo incapaz de ver por sí mismo las atrocidades de su gobierno.

No vamos a caer en el bajo y deplorable juego de calificar a quien no está de acuerdo con Uribe de antiuribista y, mucho menos, en este caso. El Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, no vive en Colombia, no está amenazado por ninguna banda colombiana ni su puesto depende de lo que disponga Uribe. Al Presidente de los Estados Unidos, en realidad, le importa bien poco quién sea Uribe pero sí está empeñado en hacer de este un mundo mejor y Colombia debe hacer su parte, debe cambiar, debe regenerarse y, ya lo saben: “Ocho años en el poder son suficientes para un presidente”.

Ojalá y el mensaje haya sido captado por el mayor número posible pues, y esa es una preocupación y un dolor que existirá siempre, nuestra economía, nuestras posibilidades como sociedad y como país, dependerán en gran medida de lo que disponga el gigante del norte. Menos mal que en esta oportunidad sus designios no están manchados con la sangre de inocentes y la seguridad democrática ha quedado en tal evidencia, que ningún disfraz podrá ocultarla a los ojos del “gran señor”.

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