| Mamando gallo |
| Por: Jairo Alfonso Martínez Gómez |
“Yo sé, me consta, que hay abogados muy buenos, pero al paso que vamos y con las demostraciones que hacen muchos de sus máximos representantes, vamos a tener que declararles inexequible su profesión. ¿Dirán algo o seguimos mamando gallo con las leyes y la Constitución Nacional?”
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No acababa de pasar la felicidad por el dictamen negativo sobre la reelección, que emitió el magistrado Sierra Porto, cuando en el costurero de las marianas, en los sótanos de la mafia, en los salones de tejo y en las casas de apuestas ya se daba como favorito el paso del referendo en la votación plena de la Corte Constitucional. La razón para esto es normal en Colombia: seis de los nueve jueces o son uribistas, o son conservadores pro-uribistas o fueron nombrados gracias a Uribe.
¡Qué vaina pero así funciona la juridicidad, la constitucionalidad, en Colombia! El referendo reeleccionista, a pesar de todos los vicios de forma y fondo imaginables, puede ser declarado exequible porque la mayoría de los magistrados dependen, de una u otra forma, de Uribe. De nada vale la Constitución, ni las normas, la ley, los reglamentos o los manuales de procedimiento. A todo eso, como consta en la jurisprudencia que sentó monseñor Ordóñez, se le puede mamar gallo, sacar el quite o escurrir el bulto, si conviene a los grandes intereses de Uribe… Uribe, sí, el que los nombró y arrodilló a todos.
Ante esta situación, dolorosa y real, la última ocurrencia de crotaticas tiene toda la razón de ser. Él, Crótatas, lleva ya varios años con el planteamiento de que se elimine, para los cargos de jueces, magistrados, procurador, fiscal y afines, la condición de ser abogados de profesión porque el conocimiento de las leyes, que tan profundo reciben en las universidades, sólo sirve para torcerlas, para amañarlas y violarlas, en provecho propio o de terceros en la presidencia o en las cárceles del país.
Mejor sería, por ejemplo, que de procurador general tuviéramos a un esteticista que si viola la ley, o la adorna para desviarla, uno lo entendería con mayor facilidad y la institución misma de la procuraduría no se vería tan afectada como sí ocurre cuando quien tuerce la norma es un abogado, profesor de Derecho, formador de juristas. ¡Válgame Dios! Sería bueno, también, que seis –o cinco- de los magistrados de la Corte Constitucional fueran bailarines para que no se nos hiciera raro que se menean de lo lindo al son que les toquen desde la Casa de Nari.
Yo sé, me consta, que hay abogados muy buenos, pero al paso que vamos y con las demostraciones que hacen muchos de sus máximos representantes, vamos a tener que declararles inexequible su profesión. ¿Dirán algo o seguimos mamando gallo con las leyes y la Constitución Nacional? |