| De Lucio Quincio Cincinato a Uribe |
| Por: Jairo Alfonso Martínez Gómez |
“Lucio Quincio, en 15 días, destrozó a los enemigos y aún con su espada sangrante fue al senado, entregó el mando y se regresó a su finquita a seguir cultivando la tierra”
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Entre Lucio Quincio Cincinato y “varito” Uribe hay varias similitudes y no pocas diferencias. En primer lugar, Lucio Quincio vivió por allá entre los años 520 y 440 antes de Cristo y Uribe todavía respira el aire puro de los Montes de María, se embelesa con el paisaje de Montería, baila vallenato en Valledupar, reparte plata en Santa Martha y recibe a “Job” en su casita del centro de Bogotá.
Tanto Lucio Quincio como Uribe tenían un especial gusto por la vida del campo. Uribe, dice él, proviene del campo y, por eso, su afición por los caballos, los cultivos y su amistad con otros cultivadores, procesadores y exportadores de los muy especiales frutos que da esta tierra colombiana. Lucio Quincio algún día, cuando perdió todo el interés en la vida pública, se retiró a labrar su finca pero sólo cultivaba y cosechaba, jamás le dio por procesar y exportar nada.
Ambos, Cincinato y Uribe, son reconocidos por la historia antigua y moderna por ser administradores capaces y estrategas hábiles. La figura de Lucio Quincio, dice la wilkipedia, “es usada continuamente por varias culturas para referirse a hombres sin ambición, con amor sin condiciones y capaces de dar la vida entera por su nación”. De Uribe, dicen en RCN, hija de Ardila Lulle, también es capaz de dar su vida, el recaudo de los impuestos, las normas de la Constitución y las grandes empresas del país, por sus amigos.
Cuenta la historia que Lucio Quincio vivía decepcionado de la corrupción en la política romana, sin embargo, en el año 458 a.C, ante la amenaza de invasión de los ecuos y los volscos, el Senado le pidió ayuda y lo nombró dictador con todos los poderes, claro está. Lucio Quincio, en una campaña que solamente duró 15 días, destrozó a los enemigos y aún con su espada sangrante fue al senado, entregó el mando y se regresó a su finquita a seguir cultivando la tierra.
Con Uribe sucedió algo parecido. Ante la amenaza de “la far” el pueblo lo eligió presidente, el senado violó la Constitución, Yidis, con Sabas y Palacio, arreglaron el voto que faltaba y lo impusieron como dictador con camuflaje de presidente. La diferencia con Lucio Quincio es que Uribe lleva siete años y no ha podido derrotar a “la far” por lo que espera estar, por lo menos, otros cinco al frente de las tropas. Al final, a Uribe podrán darle una parcelita, con una cerca bien tupida, en Estados Unidos donde quizás pueda labrar alguna forma de volver al poder.
A Lucio Quincio, después de que capturara a Espurio Melio que quiso conspirar contra Roma, le mandaron erigir una estatua. Él reprobó cualquier imagen de su figura y volvió a cultivar papas en su finca. Finalmente, en el estado de Ohio, en Estados Unidos, le dieron en su honor el nombre de “Cincinnati” a una ciudad. A Uribe, por su parte, Obama, el Nobel de Paz, y gracias a que le permitió instalar siete bases militares en Colombia, le cambiará el nombre a Washington por el de “Uribeto”. ¡Los gajes de la historia! |