| El peor de los siete |
| Columna editorial |
“En todas partes hay uribistas dispuestos a jugarse la ropa y el pellejo por no permitir que un hombre con los cojones bien puestos, no vaya a dejar nunca, el solio de Bolívar, que queda en el Palacio de Uribe, que ya no más el de Nariño, porque, entre otras cosas, ¿quién carajos es ese Nariño?”
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Hay mucha gente contenta con Uribe en este país. En realidad ese uribismo entusiasta, ferviente más bien, usted lo encuentra en liberales y conservadores, en gente de la costa, de Antioquia, del viejo Caldas, del Valle, de los llanos; usted puede sentir esa pasión uribista en la ciudad y el campo. Es decir, si usted se pone a mirar el paisaje nacional con calma, tiene que quitarse el sombrero porque no queda parcela sin que la imagen heroica, pletórica, histórica y demás calidades esdrújulas de nuestro presidente haga presencia manifiesta.
Mire si no: en la costa son muchos los uribistas, están los Dangond, los Dávila, los Lacouture; en Antioquia también hay, están los Jaramillos (de estos y de aquellos), los mismísimos Uribe (sí, esos mismos), los Calle (tan bien puestecitos con su ropita de marca… mayor) y con el viejo Caldas suman a los otros Jaramillos, los Villegas, los Castaños; en el Valle pueden ser los Lloredas, Los Caicedos y demás; en los llanos también hay y en Cauca y en cuanto Carimagua pueda pensarse.
Como se dijo, en todas partes hay uribistas dispuestos a jugarse la ropa y el pellejo por no permitir que un hombre con los cojones bien puestos, como nuestro modesto presidente, no vaya a dejar nunca, óigase bien, nunca, el solio de Bolívar, que queda en el Palacio de Uribe, que ya no más el de Nariño, porque, entre otras cosas, ¿quién carajos es ese Nariño?
Bueno, viéndolo bien no es tanta gente, pero sí es mucha plata; mejor dicho, es muy poquita gente y casi toda la plata, la que está dispuesta a movilizarse para asegurarse todos la segunda reelección. No importa que la gestión del presidente haga aguas y que este haya sido el peor de los largos siete años de su gobierno. No importa que la seguridad democrática empiece a mostrar señales de grave fatiga, no importa que las fronteras estén convertidas en polvorines para los políticos y en desiertos para los comercios; no importa que los escándalos de toda índole hayan rebosado el amplio y alto cauce de la corrupción tradicional en Colombia.
No importa. Claro que no importa. Qué va a importar que los hijos del presidente se hagan multimillonarios de la noche a la mañana, sin mayores explicaciones; no importa que los auxilios y subsidios del agro se vayan en muchos fajos para muy pocas manos; no importa que al ministro de hacienda le quede grande la economía y al de salud la gripa porcina y al de transporte la vías y al de defensa la seguridad en las ciudades; no importa siempre y cuando a una lumbrera como el ministro de gobierno no le quede grande la trapisonda para la reelección. No importa.
Saldremos para la segunda reelección pase lo que pase, sea como sea, cueste lo que cueste, porque no se puede permitir que vaya a romperse esta dinámica delirante de desarrollo, paz y justicia que, luego de siete años de modesta y austera labor, nos ha dado nuestro amado presidente. |