Cosas raras
OPINIÓN

La ley del embudo
Editorial EL COMPÁS

“De tal tamaño es esta doble moral que hasta Uribe ahora pretende darnos clases para que erradiquemos de nuestras almas la “cultura mafiosa” que tenemos todos. Todo esto justifica el lamento de la vieja canción, la ley del embudo, lo ancho pa´ellos y lo angosto pa´uno”


Cuando todavía falta por destaparse el listado de los políticos que, de una forma u otra, apoyaron o invirtieron en las pirámides, de entre las aún turbulentas aguas donde picaron muchos peces y uno que otro delfín, son varias las conclusiones que pueden sacarse.

La primera víctima de todo este embrollo, si es que no resucita como Jesús al tercer día, fue el presidente Uribe que vio caer, por cuenta de los damnificados del sur del país, su tercera posesión consecutiva como presidente de los colombianos. La famosa “aplanadora” uribista no fue capaz, por primera vez, de anticipar una decisión contraria en el Congreso y la caída de la reelección ya energizó a sus posibles sucesores entre quienes se cuentan algunos de sus más cercanos en el inmediato pasado como son Germán Vargas Lleras y Carlos Holguín Sardi. El renovado oxígeno que recibieron estos precandidatos dificultará enormemente el “arreglo” de la reelección, en el 2010, en la plenaria de la Cámara de Representantes.

Otra consecuencia, más grave aún, que tuvo el cierre de DMG fue la quiebra general de los ciudadanos en los departamentos del sur del país, en especial los de Nariño, Putumayo y Cauca, en donde las labores de cultivo, recolección y procesamiento de coca estaban en proceso de extinción ante las mejores posibilidades laborales y económicas que estaban viviendo con el auge de las pirámides que fue posible, como lo demostró el senador Parmenio Cuellar, gracias al “desinterés” del gobierno nacional en contener su avance –lo cual era su obligación-, habiendo sido advertido con tiempo suficiente tanto por las autoridades municipales y departamentales, como por la misma fiscalía en dichas seccionales.

Un factor más, de tamaño mayor a cualquier elefante pasado, que quedó en evidencia con estos hechos es el del descarado, injusto e inequitativo manejo financiero que tiene el sector bancario en Colombia. Es claro que la gente no pensó que podían ser engañados al invertir sus recursos en esas pirámides pero, es claro también, nunca habían tenido en el país una opción diferente para obtener unas utilidades decentes acudiendo al sector legalmente establecido. Los costos bancarios, para sus usuarios, son muy elevados; los requisitos para acceder a créditos son imposibles de cumplir por la gran mayoría de los ciudadanos; los intereses que pagan a quienes depositan allí sus dineros son ridículos, condiciones todas estas que alejan de los bancos al 83% de pobres que tiene el país y los empujan hacia aventuras tan riesgosas como las presentadas.

Por último está la presencia de la consabida doble moral que ostentan muchos de nuestros compatriotas que ahora critican a los pobres por no haberse fijado, por no haber supuesto, que esos dineros podían provenir del narcotráfico y sí han bendecido múltiples elecciones municipales, departamentales, del Congreso y hasta de más de un presidente, que han sido logradas gracias a esos mismos dineros. De tal tamaño es esta doble moral que hasta Uribe ahora pretende darnos clases para que erradiquemos de nuestras almas la “cultura mafiosa” que tenemos todos. Todo esto justifica el lamento de la vieja canción, la ley del embudo, lo ancho pa´ellos y lo angosto pa´uno    


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