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Palabras... palabras... palabras


En la edición anterior publicamos, con este mismo título, una selección de escritos de Pepe Trívez que debido a los mensajes que nos llegaron destacando la calidad de los mismos, nos han llevado a incluir, en esta oportunidad, una segunda parte de los textos escritos por este autor.

Para leer los textos anteriores haga click aquí


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Hubo una vez (lo copio no lo invento) un huerto donde los enamorados podían acudir a buscar palabras para expresar lo que sentían. Allí crecían palabras de todo tipo y cada una tenía un precio ajustado a sus efectos y su etimología. Cada cual podía obtener allí palabras sembradas por otros que dijeran todo aquello que uno no sabía cómo decir. Los más atrevidos compraban consonantes y trataban de hacer con ellas palabras imposibles.

Encontré allí en otro tiempo palabras y palabras llenas de matices, de sabores, y cuajadas de historias. Algunas las compré, otras las robé. Las más, las tomé prestadas, las junté a mi modo y las hice mías. Y así fueron a veces tuyas a veces nuestras.

Después pasó el tiempo y un día, estando tú lejos y mi corazón solo, descubrí que mis palabras, las mejores, las más certeras, las más hondas... habían quedado incompletas.

Intenté releerlas y eran todas un conjunto impronunciable de consonantes apretadas, embarulladas, perdidas, incomprensibles e inasequibles.

Las palabras -y la vida- se me escurren y se me enredan cuando no puedo poner “las vocales” de tu vida en la mía. Las palabras -y la vida- me abren un vacío en canal cuando no te tengo cerca. Mis mejores ideas, las más sabias, las más tiernas, las más mías... no suenan a nada si no tienen las vocales de tu mirada, de tu risa, de tus manos para pronunciarse y volar.

Gracias por terminar mis palabras. Gracias por terminarME.



Salir de las palabras
Hay pocas cosas que obliguen a uno a salir de las palabras para instalarse en el corazón de las cosas. Hay pocas cosas que fuercen a las palabras a decir mucho más de lo que encierran. Hay pocas cosas que lleven en su adentro tanto aire, tanta luz, tanta ternura encerrada que produzcan sonrisas y curen las ausencias...

Hoy he llegado a casa mudo de palabras porque sabía que no estabas. Hoy he aparcado el coche como quien aparca la prisa para subir un momento a casa y tomarme un respiro... Y la casa estaba llena de luz. Y el respiro estaba lleno de ti. Y la casa estaba llena de palabras escondidas en cada rincón. En la puerta de la nevera, en el mando a distancia, en el lavabo y la almohada. Y cada palabra era una sonrisa. Y cada sonrisa era una mirada. Y cada mirada estaba entera empapada de todo lo que necesito: tú.

Así que he roto mi silencio para salir de las palabras. Así que he vuelto a escribir para dejar salir a las palabras que andaban remolonas, que viven desorientadas y que nunca saben como llegar a decirte todo lo importante.

Y he imaginado que las palabras tienen entrañas ¿lo he imaginado? Y he mirado despacito, una por una, aquellas que me gustaría que viajaran hoy en tu maleta... Adelante", estaba llena de curvas y recovecos, de rodeos y pasos atrás, estaba repleta de trampas de la voluntad y la pereza... Y en el fondo, en una esquina, agazapada estaba escondida en su interior la necesidad de verte avanzar, de verte crecer, de verte más tú para ser más yo. "Disfruta" es una palabra discreta, pintada del color convencional de los buenos deseos, barnizada con el tacto gastado del uso vacío... Pero por dentro estaba llena de sonrisas, de ideas, de aprendizajes... rebosante de proyectos, de palabras, de miradas... hasta arriba de endorfinas (¿se dice así?) que te devuelven a mí cansada pero más sabia, más feliz. "Juntos" me miraba callada desde una esquina de tu maleta, olvidada. Más silenciosa cuanto más separados. Más verdadera cuanto más repetida. Y por dentro el vacío: sin espacio ni tiempo... un huequecito en el que me he colado yo y he viajado en tu maleta, acompañándote en las cenas a 3 euros, en las conferencias sesudas y en los paseos junto al mar... Porque cada aventura, cada minuto, cada kilómetro... los vivo contigo.


Más palabras
Porque a veces se me (nos) olvida que las palabras están cargadas de intención
Porque a veces se me (nos) olvidan todas las palabras y me quedo mudo ahogado en mis propios pensamientos sin forma ni color...

Porque a veces las palabras no están "de más"...

Porque me haces sonreír por las mañanas, que no es fácil. Porque la vida contigo jamás es aburrida. Porque tus planes me sacan de lo inane. Porque dedicas horas y horas a escuchar a los demás y eso me recuerda lo que valen las palabras. Porque no me das la razón. Porque haces de la vida algo intenso y único. Porque el cansancio y el dolor no te tumban ni te paralizan. Porque no puedes dejar de leer cuando las palabras merecen la pena. Porque explotas ante la injusticia. Porque te preocupa dar con las flores adecuadas. Porque tus ojos son sólo para lo que merece ser mirado. Porque a veces tus ojos son exclusivamente míos. Porque sonríes con la mirada. Porque el tiempo te pertenece. Porque tu desorden no me deja acomodarme. Porque me enseñas a esperarte. Porque no te gusta esperar. Porque tienes más voluntad que fuerza. Porque tus pensamientos son como chispas que arden siempre a nuestro lado. Porque cuando estás... estás. Porque eres capaz de robarle minutos al sueño. Porque madrugas. Porque te apagas por la noche como el ocaso más dulce. Porque siempre renaces. Porque la verdad no se esconde de ti. Porque tu mano busca la mía cuando paseas a mi lado. Porque siempre ocultas un deseo. Por tus proyectos. Porque los sueños a tu lado son reales. Porque mi alma es sólo un trocito de ti...



Palabras sin cordura
La cordura esconde las más de las veces el miedo. Es la careta "educada" del temor más mezquino. Es la guarida de nuestra más vergozosa mediocridad. Se disfraza de cordura nuestra incapacidad para el cambio, nuestra inutilidad para el diálogo, nuestra limitación para abrir el pecho sin seguros, sin red. La cordura, tan reclamada, tan invocada, tan utilizada... nos estrecha los lazos invisibles que nos unen a la vida lenta, sin compromisos.

Tu adentro es como un mar en calma y como un océano. Tu sonrisa nunca es a medias, ni tus lágrimas lentas. En la madrugada, si el silencio es suficiente, escucho tu corazón romper contra las rocas de la realidad que nos acecha. Cualquier pena es tu pena, cualquier alegría, tu gozo. A veces, sin venir a cuento, una gota de agua estalla en tu pecho, lo revuelve, lo agita, lo convierte en remolino. El universo entero estalla, se expande, se re-crea en tu pecho. Tiemblan las emociones y los besos. Tiemblan las palabras. La cordura se deshace en una explosión de círculos concéntricos. Como una piedra arrojada al lago, las ondas te envuelven, me envuelven, nos hacen girar hasta el vértigo y más tarde... nos devuelven a la calma líquida, ancha y profunda de los sentimientos hondos. Entonces los dos sabemos que hemos renunciado a la cordura (a la cobarde, a la monótona, a la segura y cotidiana). Y yo me aferro a tu respiración, de madrugada, y tú te miras en mis ojos y te reconoces. Y los dos quedamos así flotando en la inestable superficie de un te quiero.















periodico bucaramanga colombia