Desde mediados del siglo pasado, después de dos guerras mundiales y de haberse sentido desplazado por las máquinas, el hombre volvió a interesarse por los vaticinios y muchos, lo confesasen o no, leían horóscopos y predicciones, recurrían a hierbas mágicas y a brujos especializados, a curanderos conocidos o desconocidos y a videntes para que les despejaran el oscuro horizonte de un porvenir espeso y no muy concreto.
Sacerdotes de todas las religiones predicaban sobre el fin del mundo, haciendo que volviésemos los ojos asustados hacia el año 2000, tal como había pasado un milenio antes. Surgieron nuevos sacerdotes de nuevos cultos, sectas y moralizadores que llenaban la ausencia del esoterismo, el vacío de espíritu, la orfandad de Dios.
Y así llegó el siglo a su fin, en medio de brujos, consejeros y astrólogos que todos los años lanzan sus profecías más o menos acertadas, más o menos difusas para quedar bien con todos. La astrología gana terreno pero hoy interesa como fórmula para ocupar primeros puestos, mayor prestigio social, fortunas más sólidas; o bien, en pequeña escala, para ganar el amor de la pareja o la lotería de la próxima semana. Hoy abundan exorcismos, que no se veían desde la edad media, como si el diablo se hubiese vuelto a adueñar de la tierra y, curiosamente, conviven las mentes científicas más esclarecidas con los que están convencidos de que el diablo les acecha en cualquier esquina.
En medio de estas manifestaciones que nos han acostumbrado a soportar, despuntan chispas del que podría ser el esoterismo que viene. Es curioso que en el templo de la materia, en el reino del dinero, asome nuevamente la tímida raíz del espíritu, del poder de la intuición, la sensación de fragilidad ante un destino que no nos pertenece porque no hemos sabido construirlo, el temor ante un futuro que a veces se pinta de rosa para no abrir los ojos ante el negro y el gris que hemos dejado crecer a nuestro alrededor.
¿Qué es el esoterismo?
Esoterismo es una palabra utilizada para referirse a una antigua y reconocida forma de conocimiento que penetraba en las más ocultas y misteriosas leyes de la Naturaleza. Todas las civilizaciones lo practicaron de una u otra forma y en todos los pueblos hubo hombres selectos por su sabiduría, capaces de discernir con claridad allí donde las multitudes sólo veían tinieblas.
El nombre "esoterismo" ha conducido a malas interpretaciones, al suponer que esos conocimientos eran escondidos con fines inconfensables, o acaparados por unos pocos para valerse de ellos en perjuicio de los débiles e ignorantes. En realidad, lo oculto no es lo mismo que lo visible, pero ello no implica que sea maligno o que sea ocultado con malignidad. Si utilizáramos este criterio, nada ni nadie quedaría a salvo, pues hasta el día de hoy y en los más variados ámbitos, hay quienes se reservan las informaciones de mayor importancia, bien sea por egoísmo o para imponerse sobre los demás.
En relación a la vieja Sabiduría Tradicional - esoterismo en términos más vulgares - lo oculto provenía del hecho de que hacía falta una esmerada y exhaustiva preparación personal para llegar a dominar unos conocimientos que de otra manera hubieran sido inabordables. Eran, ayer como hoy, más bien pocos los que accedían a semejante estado mental, moral y espiritual. Por otra parte, los pocos que llegaban a poseer el conocimiento y manejo de las leyes de la Naturaleza, se cuidaban mucho de no vulgarizar ese saber, pues preveían con toda razón que dichos poderes, en manos inadecuadas, serían más bien un arma dañina que un beneficio para la humanidad. El auténtico esoterismo fue siempre un elemento de resguardo y defensa. Estuvo en manos de unos pocos, pero estaba al alcance de todos los que buenamente se decidieran a esforzarse.
MEDIOS DE ACCION DEL ESOTERISMO
En general, se opina que lo esotérico es contrario a lo racional y científico. Por el mismo hecho de su escasa difusión, lo esotérico se mantiene en las brumas de unas formas de pensamiento en las que la lógica parece no poder penetrar en absoluto. En el mundo moderno, las nuevas fórmulas exigen la comprobación sistemática de cada uno de los experimentos en cualquier terreno y se sobrevalora la propia experiencia por encima de cualquier esquema de transmisión. Estos supuestos son los que separan a la ciencia del esoterismo.
El esoterismo se vale del trabajo mental, pero no lo considera exclusivo para acceder al conocimiento verdadero. El raciocinio es una herramienta más, pero no la única. Además se utiliza, cuando se aprende a disponer de ella, la intuición, que es una forma más rápida y penetrante de pensamiento.
También el esoterismo emplea las comprobaciones. Es imposible afirmar conocimiento alguno si no se ha constatado que dicho conocimiento puede manejarse fluida y correctamente en todas las oportunidades. El esfuerzo, la investigación, la repetición y el ejercicio no sólo no faltan sino que abundan en el real esoterismo. El laboratorio es, la mayoría de las veces, el hombre mismo, o el universo entero, pues "así es abajo como es arriba".
De otra parte, el esoterismo se fundamenta en la cadena conformada por maestros y discípulos, y la experiencia del uno pasa a formar parte de la experiencia del otro, una vez que el discípulo se ha desarrollado lo bastante como para asimilarla. No hace falta vivir todas y cada una de las cosas; como decía Platón, no hace falta convertirse en ladrón para entender que el robo es un delito. Asumir las vivencias del maestro como vivencias propias - puesto que han sido probadas y comprobadas - hace rendir mucho más el tiempo, hace más larga y provechosa la vida.
Una tradición que persiste
La Historia es curiosa en los vericuetos que describe y, aunque en oportunidades el esoterismo ha tenido amplia repercusión entre los pueblos, en otras tuvo que mantenerse oculto debido a la falta de comprensión y a las persecuciones fanáticas que nunca han faltado.
El tiempo y las circunstancias han ejercido su influencia sobre el esoterismo y han hecho que no siempre respondiera a la seriedad de sus verdaderas raíces tradicionales. Cuando decaen los criterios espirituales de concepción de la vida, cuando las dificultades por la supervivencia hacen que los hombres valoren en exceso la existencia cómoda y se desinteresen de las cuestiones profundas, sobreviene un esoterismo fácil y vulgar, un cruel remedo de que lo es Ciencia Sagrada. Entonces aparecen formas de hechicería, supersticiones, temores a lo desconocido y conjuros para alejar esos temores. La superstición se opone a la tradición y los conjuros y amuletos suplantan a la sabiduría.
Necesitamos volver a tener maestros, necesitamos creer y amparar nuestras creencias y nuestra fe en unos conocimientos que respondan serena y adecuadamente a nuestras dudas y nuestra ignorancia. Pero para tener maestros hay que saber convertirse en discípulos; para creer hay que recuperar Aquello en lo cual creer y tener fe; para saber verdaderamente y en profundidad hay que recobrar aquel esoterismo tradicional que tantas veces ayudó a la humanidad a abrir puertas y ventanas en medio del dolor y del desconcierto. No en vano estamos en el inicio de un nuevo ciclo, de una nueva vía en la eterna espiral de la Vida. |