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Entrevista a Horacio Serpa Uribe
"Quiero ser un buen ejemplo"
Por: Jairo Alfonso Martínez Gómez - Fotografía: Mauricio Olaya
Con la amabilidad que le es reconocida, el nuevo gobernador de los santandereanos, Horacio Serpa Uribe, nos recibió en su despacho donde sostuvimos una cordial, amena e interesante charla que nos permitió conocer un poco más sobre la vida y obra del político más importante que ha tenido Santander en las últimas décadas.Les dejamos, entonces, con este testimonio que muestra facetas muy humanas de este auténtico gladiador de la vida política regional, nacional e internacional

EL COMPÁS: Usted ha tenido momentos muy difíciles en la vida, tal vez el más duro de ellos fue cuando perdió la primera elección presidencial, ¿cómo hizo para resurgir de esas cenizas, ser la misma persona amable, atenta, cordial y que la gente lo siga queriendo en la forma como se lo ha manifestado?

HORACIO SERPA URIBE: No sentirse derrotado y siempre estar en trance de luchar, esa es la fórmula. Una vez en un debate en el Congreso de la República comenté el contenido de un poemita que me enseñó mi padre, que empieza diciendo:
No te des por vencido, aún vencido // no te sientas esclavo, ni aun esclavo // trémulo de pavor siéntete bravo // y arremete feroz ya mal herido.
Ese contenido me alimenta mucho, toda la vida, de manera que soy por naturaleza optimista, tengo la formación –muy santandereana, que no es testarudez sino que es confianza-, de que si uno no puede a la primera, puede a la segunda o a la tercera y que si uno se cae tiene que levantarse inmediatamente a seguir luchando. Eso me ha permitido sobreaguar en la cosa política que es tan compleja.


E.C.: Ese poder a la primera, a la segunda… ¿quiere decir que podría haber una tercera presidencial?
H.S.U.: No, no, no me refiero a eso sino que pienso que uno debe estar siempre luchando por sus ideas, por sus propósitos. El hecho de haber venido a Santander a hacer una lucha política indica es un grado de temperamento y esa es mi manera de ser, nunca me doy por vencido

E.C.: Ese optimismo y fuerza suyos no son muy comunes, usted habrá visto mucha gente que abandona el barco con sus derrotas, ¿cómo analiza ese factor humano?
H.S.U.: Eso depende de la sensibilidad de cada quien. Yo vivo muy impresionado del desenlace político, por ejemplo, de Gabriel Turbay que fue quizás el más importante de los políticos que ha tenido Santander, un hombre extraordinario, de muchísimas cualidades y de una enorme formación humanística e ideológica. Cuando fue derrotado en el año de 1948 en su aspiración de ser presidente entró en un abatimiento enorme, se sintió profundamente triste, abandonó todo aquí, en Colombia, se fue para París y allí falleció al poco tiempo. Mi papá me dijo una vez, hablando de Gabriel Turbay, que había muerto de melancolía. ¡Imagínese! Eso depende del grado de sensibilidad de cada quien.

Yo, tal vez, tengo una formación diferente, estoy diseñado para hacer frente a las peores tempestades, por eso no me desplomo frente a las dificultades pero, además, hay una cosa que es cierta y es que perder en política no es afrentoso, no es desdoroso, la democracia está diseñada para que unos ganen y otros pierdan, la política es tan rara que los perdedores de ayer son los victoriosos de hoy.

E.C.: ¿Cómo ha sentido el cambio de pasar del papel del político, que opina libremente, al de la administración?
H.S.U.: Lo importante fue que yo me metí en la cabeza el cd de la gobernación de Santander; dije, tengo que abandonar mi comportamiento político anterior –no mis ideas ni mis creencias- sino situarme en Santander pues tengo la tendencia de hablar sobre lo nacional y de hablar más, como usted lo dice, de la teoría que meterme en la práctica.
Hace diez años yo no tenía la oportunidad de estar en el ejercicio del gobierno y en ese sentido he ido metiéndome en la almendra de lo que me toca hacer aquí en Santander.

E.C
.: ¿Qué ha sido lo más difícil?
H.S.U.: Lo más difícil ha sido la tendencia a opinar sobre lo nacional; otra cosa es que cuando uno es político tiene libertad enorme para hacer comentarios sin limitaciones y ya aquí uno es el representante de una comunidad y tiene que frenarse un poquito.
Un caso gráfico es el de las diferencias entre Colombia y Venezuela, tengo mucho que opinar ahí pero mido mis opiniones para poder representar los intereses, de un lado de Colombia, porque soy profundamente colombiano, y los intereses de Santander -además tan vinculado a un posible desarrollo económico con Venezuela- pero al mismo tiempo, también, mi posición de latinoamericano. Yo llevo muchos años luchando en el orden internacional por la integración de América Latina, entonces, pensar que entre Colombia y Venezuela vaya a haber un desajuste tremendo, eso es muy complicado. Ahí me mido pero a veces se me salen comentarios un poco fuera de línea como en el primer Consejo de Gobierno que hice con el gabinete, al referirme a uno de los Secretarios que me pidió la palabra, yo le dije: “tiene la palabra el ministro…

E.C.: Hasta 1990 usted hizo política en Santander y de ahí, hasta el año pasado, en lo nacional.  A su regreso a lo regional, ¿qué de igual encontró?
H.S.U.: Muchas cosas. Digamos las carreteras, los pequeños pueblos muy parecidos a como yo los conocí, las reclamaciones de la gente bastante iguales. Yo fui secretario de educación hace treinta años y en esa época no había maestros en algunas escuelas rurales, esa era una queja constante de los campesinos y me volví a encontrar a los campesinos de las mismas veredas pidiendo que les mandara los maestros. Esas cosas bastante semejantes.

E.C.: Ahora las diferencias, ¿cuáles son las más importantes?
H.S.U.: Lo que más noté que cambió fueron los protagonistas de la cosa política, de la cosa social y de los medios de comunicación. Hubo mucho cambio en los concejales, diputados, incluso parlamentarios; en los medios de comunicación los periodistas diferentísimos, muy pocos de los de la vieja guardia; una gran vocería en la parte social que no existía antes, muchas Ong´s reclamando por los niños, madres solteras, por los indigentes, por los desplazados, eso no existía antes, ahora es mucho.

Otra cosa que cambió fue la forma de hacer política regional, ahora hay más perspicacia, más gente metida en la política, saben más que antes, tienen mejor formación que antes pero las prácticas de la política ahora sí son terribles: una corrupción tremenda, una corrupción en mucho electorado, la exigencia del dinero -para hacer una reunión hay que pagar todo, hay que pagar el sonido, hay que pagar la tarima, hay que pagar las bombas, hay que pagar todo. Cuando yo hacía política regional aquí en Santander, era el discurso, también había cosas equivocadas pero me desagradó muchísimo que el comportamiento político es bastante degradado.


E.C
.: La elección popular de alcaldes y gobernadores en buena parte fomentó el dinero, la ambición, la llegada al poder de gente sin escrúpulos, ¿estaba el país preparado para ese paso?
H.S.U.: Yo participé de ese debate, fui de los que aprobó como congresista la elección popular de alcaldes, era protagonista en la Comisión primera de la Cámara en el año 84 y lo que inspiró esa decisión fue el deseo de hacer la paz. Durante muchos años nos metimos en la cabeza, como un esquema, que para lograr la paz era necesario ampliar la democracia, entonces, el primer acto que hubo de ampliación de la democracia fue la elección popular de alcaldes. Recuerdo que muchos decían que solamente se aprobara para las ciudades de más de cien mil habitantes, la idea que se tenía era que la guerrilla se iba a tomar las alcaldías. Recuerdo que Álvaro Gómez Hurtado insistía mucho en eso pero decíamos, no, la democracia es igual para todos y la aprobamos. Luego seguimos con otras cosas; en la Constituyente hicimos una expresión democrática ejemplar y aprobamos la elección popular de gobernadores; yo propuse la elección popular de Procurador y hoy me hago cruces de que eso se hubiera aprobado, un Procurador elegido por dinero, con influencias de la mafia, del alto poder económico, eso hubiera sido deplorable… menos mal perdimos por un voto.

E.C
.: Se amplió la democracia pero la paz no llegó, ¿qué pasó?
H.S.U.: Sí estábamos preparados pero no hicimos las cosas bien porque no fuimos capaces de hacer la paz; entonces, vino la influencia de algunos sectores guerrilleros para acceder a las alcaldías, primero. Después vino el afán de la ambición política y de lograr ejercer el gobierno que se estimó que era donde estaba la verdadera función política porque antes de esas reformas la función política estaba en los parlamentarios, la gente aspiraba a ser parlamentario, esa era como la máxima expresión de la política.Con la elección de alcaldes, y luego la elección popular de gobernadores, cambiaron las cosas y ahora la gente escoge más ir al poder ejecutivo que al legislativo y luego nos cayó la gravísima cosa del paramilitarismo, entonces lo que pensábamos que iba a pasar con los guerrilleros pasó fue con los paramilitares y se corrompió más la política. La verdad es que estoy muy preocupado porque  si la política se hace con plata o con la violencia o con la influencia de los grupos armados, la política solamente la podrán ejercer quienes tengan mucho dinero y se pierde el sentido democrático.


E.C.: ¿Hay alguna forma de evitar que eso pueda seguir ocurriendo?
H.S.U.: Hay que muy exigentes con la cosa partidista. En estos momentos se tramita una reforma política en el Congreso, que ya se aprobó en la primera vuelta, que tiene una cosa muy buena y es que eleva el umbral del dos al cinco por ciento. Yo alegué eso hace quince años porque ya conocía muchas experiencias latinoamericanas.

E.C
.: ¿Pero eso no es retroceder en el sentido de limitar la participación de otros sectores?
H.S.U.: Eso va a reducir la posibilidad de que existan muchos partidos, no se va a volver a dos pero sí a cinco, seis o siete que ejerzan realmente la política. Es que, mire, hemos avanzado, hubo un momento en que hubo cien partidos políticos en Colombia, es una barbaridad, ahora hay 16 o 17 pero en las pasadas elecciones, le pongo un ejemplo clarísimo, las listas al Concejo municipal patrocinadas por los partidos de comunidades afro colombianas, bueno, todos blancos, monos, ojiverdes, ni un solo negro; venden la patente, eso es absurdo.
Otra cosa, se hace la selección de las listas de los partidos y los que no caben en su partido se van a buscar otras patentes, entonces, ¿cómo es la cosa partidista? No, si yo soy de un partido y se hace la selección y no quepo, bueno, no cupe y ya, busco otra oportunidad pero si no le ponemos seriedad a los partidos y a la cosa política, sigue funcionando la plata, la mafia, todo eso.

E.C.: Ahora la política es una inversión que tiene que ser rentable…
H.S.U.: Mire, los conceptos están cambiando mucho. En política se mete plata para financiar algunas cosas, es una inversión que tiene que recuperarse; en salud ahora ya no se habla de paciente sino de cliente, eso es absurdo; en educación ya no se habla del educando y del educador sino que se habla es de las estadísticas, lo social se está perdiendo.


E.C.: Volvamos a lo regional, ¿cuáles son sus propósitos?, ¿para dónde vamos?
H.S.U.: Bueno, yo tengo un propósito en lo personal y un propósito en lo de mis funciones como gobernador del departamento.
En lo personal yo aspiro a ser un buen ejemplo, yo quiero dejar ese legado a Santander, de portarme bien y, como político que soy, dejar la impresión de que los políticos podemos ejercer el gobierno responsablemente, que los políticos podemos manejar los dineros públicos sin apropiarnos personalmente de esos dineros, que los políticos tenemos objetivos altruistas.
Por supuesto que todo el mundo en la política tiene ambiciones, yo he sido un político con ambiciones toda la vida pero mis ambiciones han sido de poder, no de dinero ni de oropeles ni nada de esas cosas. Eso en lo personal.

Ahora, en lo de la función pública, en lo que tiene que ver con el departamento yo aspiro a que Santander se modernice; me explico, Santander ha estado encerrado y por eso progresa poco y hay todavía muchos sectores empobrecidos porque siempre hemos estado buscando nuestro futuro dentro del propio departamento, hoy esto es imposible, hoy con la globalización, las relaciones comerciales y la tecnología, tenemos que abrirnos, pensar mucho mas allá, tener oportunidad para comerciar, para que nuestros muchachos puedan buscar su propio cauce más allá de Santander.

E.C
.: ¿Cómo lograrlo?
H.S.U.: En educación, por ejemplo, el inglés tiene que ser muy especial. Tenemos muy buena educación pero la inmensa mayoría de santandereanos no saben inglés y que no les pase a mis paisanos lo que a mi que cuando estaba muchacho no estudiábamos inglés por razones políticas. Inglés, Internet, eso me parece fundamental para formar la gente.
Otra cosa esencial -claro, hay que atender todo lo que tiene que ver con la salud, la vivienda- son las vías, es lo más costoso pero es lo que menos le puede proporcionar satisfacciones de reconocimiento a un gobernante porque es lo que más cuesta; es mucho más fácil invertir mil millones de pesos en un parque y se gana el aplauso de los veinte mil habitantes que pavimentar un kilómetro de los treinta que tiene la carretera de ese pueblo que vale los mismos mil millones.
Yo pienso que hay que meterle a las vías  y ahora que vamos a empezar a construir el Plan de Desarrollo voy a defender el criterio de que especialmente nos dediquemos a hacer vías, es que eso le abre el corazón a Santander. ¿Por qué la región más pobre de Santander es García Rovira? Porque nunca se la ha podido hacer la carretera para que salgan y conozcan y para ir allá y llevar conocimientos, comercio, universidades. Están encerrados, eso es sintomático.

E.C.: ¿Y en el nivel nacional?
H.S.U.: En una palabra, hay que abrir el departamento, modernizarlo, vincularlo al país. Santander ha estado muy encerrado, Santander debe volver a sonar a nivel de lo nacional, a mostrar su capacidad de opinar, de orientar, de dirigir.

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