“Si el fin de semana de carrera comienza bien, uso el sábado los mismos calzoncillos del viernes. Si resulta bueno el día, repito el domingo.” Felipe Massa
Hombres y mujeres de todas las actividades echan mano de agüeros, amuletos o creen en diversas supersticiones bien sea para evitar la “mala suerte” o para atraer a los dioses de la fortuna, el éxito, la gloria.
Les presentamos, a continuación, y de una muy variada gama de oficios, algunos de los “famosos” y sus creencias particulares.
Gabriel García Márquez
Nuestro Nobel de Literatura en 1982, es un supersticioso de cuidado. Llama pava a la mala suerte, y afirma que algunos objetos o personas, incluso costumbres, son pavorosas. Asegura que nunca ha fumado desnudo, ni se ha puesto chaquetas a cuadros o recibido a personas que atraen a la mala suerte.
Cuando Gabo llegó a Estocolmo, para recibir el Nobel, se negó a vestir el frac negro de rigor para recibir el premio de manos del rey. Para el escritor ponerse ese tipo de vestimenta le "traería mala suerte", por lo que decidió lucir durante la ceremonia el, hasta ese momento, desconocido liquiliqui, atuendo caribeño de color blanco. Hay que imaginar el gran revuelo que eso causó entre los encargados del protocolo
Juanes
Es sumamente supersticioso, no pasa bajo las escaleras plegables, si derrama la sal luego la arroja sobre el hombro izquierdo con la mano derecha, procura no mirar durante mucho tiempo los ojos de un gato negro, y procura entrar a los sitios y levantarse por las mañanas con el pie derecho, no vaya a ser que tiente a la suerte.
Jorge Amado
Otro gran supersticioso fue este consagrado escritor brasileño, autor de “Doña Flor y sus dos maridos”, quien evitaba al máximo pasar por aleros en construcción, debajo de escalinatas y más bien creía que los gatos negros traían buena suerte. |
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Luciano Pavarotti
Fue un gran supersticioso. Nunca viajó un viernes 13 -el equivalente al martes 13 de Hispanoamérica- se molestaba si alguien le pasaba la sal sin depositarla primero sobre la mesa, se alojó siempre en los mismos hoteles y en la misma habitación; cada vez que actuaba llevaba un clavo en el bolsillo y un pañuelo blanco en la mano izquierda; estaba seguro de que hay piezas operísticas que traen mala suerte y leía cuidadosamente su horóscopo.
Enrique II de Valois
Otro personaje supersticioso fue este Rey francés, siendo esta característica uno de los pocos puntos en común que tenía con su esposa Catalina de Médicis. Juntos protegieron a Nostradamus, quien devolvió el amor de los reyes dándoles pócimas de fertilidad a la reina (las cuales al parecer surtieron efecto) y vaticinando al rey que iba a morir en una justa caballeresca (otra cosa que se cumplió con pavorosa veracidad).
Eduardo VII
El rey de Inglaterra de 1901 a 1910, era extremadamente supersticioso, al grado de que no toleraba que le hicieran la cama o cambiaran las sábanas en viernes. Según reza un viejo adagio, si se cambian las sábanas en ese día, el diablo tendrá control de nuestros sueños durante toda la semana.
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Roberto Carlos
El extraordinario cantante brasilero exige que durante el trayecto del hotel al auditorio donde actúa, el carro que le lleve nunca gire a la izquierda, por eso tienen que salir con mucho tiempo de antelación y, a veces, llegar al lugar donde se celebra el concierto es casi una misión imposible. |
Wolfang Amadeus Mozart
Entre los compositores, ninguno ha sido más supersticioso que Mozart. Se dice que dudó en aceptar el encargo de escribir el Réquiem, pues temía que eso atrajera su propia muerte. Falleció poco después sin haber terminado la obra.
Indira Gandhi
Cuando fue Primera Ministra de la India, no tomaba decisiones importantes sin antes consultar a un gurú personal.
Lon Nol
El presidente de Kampuchea, confiaba más en su equipo de astrólogos que en la propia opinión de sus generales y colaboradores.
Los esposos Reagan
Tal vez uno de los casos más conocidos sea el de los esposos Reagan. Se dice que la fe de Nancy, esposa del ex presidente norteamericano, en los horóscopos y su influencia en los programas del presidente era determinante e inobjetable.
En 1981, la astróloga Joan Quigley convenció a la señora Reagan de que el intento de asesinato del 30 de marzo pudo ser predicho. Desde entonces, era un secreto a voces que los compromisos presidenciales fueron determinados por los horóscopos favorables de la señora Quigley, y más aún, el presidente Reagan no se presentaba en la oficina oval, si antes no leía su horóscopo personal.
Mussolini y Hitler
Benito Mussolini y Adolfo Hitler eran fanáticamente supersticiosos. Se dice que, en una ocasión, Mussolini cambió sus planes de viaje porque, según dijo, cierto pasajero tenía un ojo diabólico.
Hitler creía que el número 7 tenía poderes especiales, y con frecuencia pedía consejo a los astrólogos y a los adivinos. El emblema nazi, la suástica, es un antiguo símbolo y algunos creían que tenía influencia mágica. Era tan grande la creencia de Hitler en la astrología, que los oficiales de los Aliados consultaban a sus propios expertos, con la esperanza de anticipar de qué manera el horóscopo del dictador podría influir en la guerra.
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Carlos I
Cuando el rey Carlos I estaba sometido a juicio después de la guerra civil inglesa, el puño de su bastón de oro rodó por el suelo... Se dice que en ese momento el rey supo que perdería. Más tarde fue decapitado.
Moctezuma
Por otro lado, en el Nuevo Mundo, Moctezuma Xocoyotzin, último emperador azteca, pese a dominar un poderoso imperio que llegaba hasta lo que hoy es Honduras y Nicaragua, se rindió ante los conquistadores españoles dirigidos por Hernán Cortés.
El Emperador estaba convencido de que habrían de llegar, por donde sale el Sol, hombres rubios y barbados que serían dueños de tierras. El dios Huiutzilopochtli le había predicho todo eso, por eso, Moctezuma se entregó sin ofrecer resistencia, con lo que el imperio azteca quedó bajo el mando de la Corona Española.
Napoleón Bonaparte
Antes de emprender una campaña, Napoleón siempre pedía consejo a la famosa clarividente Madame Normand. Los historiadores dicen que el gran corso tomaba muy en cuenta los sueños que tenía, creyendo que éstos le predecían el futuro. Muchas veces expresó que las estrellas controlaban todos sus actos y que su buena estrella lo guiaba para lograr grandes victorias.
Napoleón atribuía gran importancia a pequeños incidentes, tales como una caída del caballo o el cruce repentino con un gato negro, que para él era un signo muy desafortunado. Se dice que soñó con un gato negro antes de la batalla de Waterloo, en la cual sufrió una aplastante derrota. |
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Diego Armando Maradona
Asimismo, cada deportista tiene su propia cábala para tener buena suerte el día de la competencia, lo que se convierte en una tarea muy personal. Maradona era muy fiel a sus hábitos antes de salir a disputar un encuentro: en el lóbulo de la oreja llevaba un arito hecho con un diente de su hija mayor, jamás salía a la cancha sin llevar una cruz en el cuello y una cinta de Bonfim atada a la muñeca de su mano izquierda; darles un beso a sus botines en el vestuario era algo obligatorio.
Sergio Goycochea
Entre estas costumbres una que puede parecer insólita como risueña es la que utilizan algunos arqueros del fútbol; orinar los postes del arco antes de iniciar el partido. Ésta es una práctica que popularizó el seleccionado argentino Sergio Goycochea, durante el mundial de Italia, en 1990.
Fernando Alonso
Los días de competición siempre se calza primero el pie izquierdo, sube al carro por el lado derecho y si saluda a algún técnico antes de empezar, nunca gana la carrera.