"Salvador
o la tenacidad de la esperanza"

El 29 de febrero de 1976, en el hogar del comerciante Ismael Rincón Flórez y doña Waldina Santos nació, sin que absolutamente nadie se lo esperara, un niño que sería capaz de mover, años más tarde, a todo un departamento para salvar un hospital y que pondría a hablar a la gente de la necesidad de tener un servicio de salud de calidad.

Don Ismael quiso que el nuevo crío llevara el nombre de su papá, Salvador, quien vio la luz del mundo en el también naciente municipio de Santa Helena del Opón (Santander), una región liberal, a 360 kilómetros al sur de Bucaramanga, distancia que aquella época se recorría hasta en tres días, dos de ellos en bestia y el otro en destartalados camperos.

El recién nacido llegó a ocupar el tercer lugar en la sucesión de la joven pareja Rincón Santos, que al principio de la vida conyugal vivió de la agricultura en la vereda Filipinas.

Allí estuvieron hasta finales de la década de los 70, época para la que empezó a deteriorarse el orden público, situación que habría de terminar años después tras derramarse mucha sangre, fruto del conflicto interno del país.

Don Ismael no esperó a que la violencia tocara a su puerta y una madrugada de 1979 salió con todos los suyos, a lomo de mula, rumbo a su tierra natal, Contratación.

Fueron dos días de una tortuosa travesía, con todo y dormida en el camino de herradura, hasta que por fin llegaron a 'Contrata', un tradicional fortín conservador, en donde 33 años atrás había nacido don Ismael.

Pronto la familia le dio vida al Granero La Unión, que se convirtió en el más importante de toda la comarca. Al mismo ritmo que el negocio crecía, llegaban nuevos críos a la familia hasta completar siete.

Salvador descolló en el colegio no solo por su rendimiento académico, sino por su intensa actividad deportiva y su inclinación por el servicio social. Los Rincón Santos se esmeraron por educar a sus hijos, misión que encomendaron a los padres salesianos del Instituto Técnico Industrial San Juan Bosco.

El celo por la educación era tal, que don Ismael no contento con las tareas que les dejaban los sacerdotes a sus hijos les ponía por su propia cuenta extensas planas para que aprendieran perfectamente a escribir y a manejar las matemáticas.

Eran tantas las ganas que él tenía de ser útil, que se dio las formas para aprender a inyectar, a los 15 años. Su campo de ensayo fueron sus cuatro hermanas, quienes con alguna frecuencia presentaban afecciones en las amígdalas. “Todas las inyecciones fueron bien puestas; él siempre ha sido muy cuidadoso”, recuerda la hermana menor María Smith.

Tras hacerse bachiller, Salvador emprendió su primera gran empresa: Fundó un taller de ornamentación, una idea quijotesca pues tenía que convencer a los vecinos para que creyeran en su juventud y en sus conocimientos, recién aprendidos con los salesianos. Fueron tres años de un intenso pulso, pues el sectarismo conservador era de tal magnitud que pocos se atrevían a contratar
con alguien de familia liberal.

Un día, Salvador se cansó, liquidó el taller y se embarcó rumbo a Bucaramanga con el deseo de estudiar. A esta ciudad ya había llegado su hermano Pedro Pablo, segundo en la sucesión, y quien se iniciaba en el mundo de la publicidad. Salvador se convirtió en un auxiliar incondicional.

Pero la mira de Salvador estaba en la Universidad Industrial de Santander. Tuvo que desvelarse noches enteras para presentar por segunda oportunidad el examen Icfes, elevar el puntaje y ganar un cupo para la facultad de medicina hasta que lo logró.

Y ahí le salió un nuevo reto: Estudiar y sostenerse por sus propios medios. Quien dijo miedo. Con el apoyo de sus padres y sus ahorros compró una microbuseta. Así empezó a combinar sus estudios de anatomía, bioquímica, fisiología con turnos para hacer rutas por sectores populares de
Bucaramanga.

Pero ahí no se le acababa la energía. Pronto se convirtió en el Vicepresidente del Consejo Estudiantil de Medicina, Representante al Consejo de la Facultad de Salud y Representante de los estudiantes al Consejo Superior.


Fundó el comité intergremial por la defensa de la salud pública en Santander, y durante esa misma época, inició una campaña departamental por la defensa del entonces Hospital Universitario Ramón González Valencia. Sus preocupaciones vitales por la salud, trascendieron el ámbito académico, para llevarlo a ser el fundador del comité intergremial por la defensa de la salud pública en Santander, y durante esa misma época, inició una campaña departamental por la defensa del entonces Hospital Universitario Ramón González Valencia.

En el 2001, viajó a la Habana Cuba, invitado al Foro Mundial por la defensa de la Salud pública. A su regreso al país unió esfuerzos con otros líderes del país en el campamento por la defensa de la Universidad Pública en la Universidad del Valle, de Cali.

En el 2002, asistió a Bogotá al Foro de políticas de Educación Superior, en la universidad de los Andes, donde ante un auditorio altamente calificado demostró el talante de su liderazgo.

En el 2003, se lanza como candidato por la juventud universitaria, al concejo de Bucaramanga y ganó en franca lid una curul, la cual le fue fraudulentamente arrebatada en el escrutinio, delito por el cual fueron a dar a la cárcel por lo menos tres personas. No obstante, la Justicia fue incapaz de entronizarlo en la curul que limpiamente ganó.

Su convicción y espíritu de lucha lo llevan a emprender múltiples acciones en defensa del Hospital y por el derecho a la Salud, entre ellas: “La UIS y Santander abrazan al Hospital” (con duración de 28 horas y participación de más de 15.000 personas), realización del cartel de denuncia más grande del mundo (3.200mts. 80 de largo y 12 pisos de alto), “Santander apaga sus luces por cinco minutos para que brille la vida en los hospitales públicos”.

Todas esas semillas de liderazgo, justicia y fe, crecieron y maduraron en la gran movilización: “La UIS y
Santander marchan porque la Salud no anda”, marcha nacional de estudiantes por la defensa de la Red Hospitalaria de Colombia, con la participación de cerca de mil estudiantes desde Bucaramanga a
Bogotá durante 11 días.

El efecto social de su liderazgo, motivó a la Cámara Junior JCL, a elegirlo como ejecutivo del año en Santander; igualmente, Vanguardia Liberal, el diario más importante de Santander, lo nombra “!personaje del año 2004 en Santander”.

El 2005 lo recibe con el reconocimiento del primer puesto en el premio nacional de liderazgo universitario organizado por El Tiempo, la Revista Semana y la “Fundación Líderes de la U”.

Este mismo año realizó la investigación y denuncia sobre “la utilización de medicamentos de control como estrategia de guerra en Colombia” a propósito de la epidemia de Leishmaniasis en el Opón Santander. Al final del año se gradúa como médico y Cirujano de la UIS.

En el 2006, intenta llegar al Senado con el respaldo del Movimiento Comunal y Comunitario de Colombia. En el 2008, con el apoyo de este mismo movimiento, asuma una candidatura para llegar a la Asamblea de Santander.

Fueron dos apuestas electorales sin un solo peso en el bolsillo, que si bien no le permitieron alcanzar el objetivo de ganar alguna de esas curules, sí le permitieron a Salvador conocer más las necesidades del pueblo, especialmente en materia de salud.

De las urnas salió a especializarse en Alta Gerencia y a servirles a las comunidades más vulnerables con su profesión de médico, carisma que le mereció ser tenido en cuenta por el Partido Liberal para que haga parte de la nueva generación con la que esta colectividad busca renovar las ideas de justicia social.

“Dos apuestas electorales sin un solo peso en el bolsillo, que le permitieron a Salvador conocer más las necesidades del pueblo, especialmente en materia de salud”

Para llegar a la Cámara, Salvador ha puesto su nombre al lado del de las figuras jóvenes más notables con las que el Partido cuenta en el país como Juan Manuel Galán, Simón Gaviria y Rodrigo Lara.